jueves, 27 de junio de 2013

Estrategias de supervisión para padres: Trastorno por déficit de atención con hiperactividad.



Aprenda a ayudar a su niño con Trastorno por déficit de atención con Hiperactividad (TDAH), usando estrategias prácticas y significativas adaptadas a su nivel de desarrollo y a sus síntomas.

  • Consejos generales para la crianza de los hijos: 
  1. Al preparar un plan para ayudar a su hijo, deberá ajustar las normas y las consecuencias al nivel de desarrollo de su hijo. Muchos niños con TDAH se comportan como si fueran menores de lo que son en realidad.
  2. Explíquele a su hijo que usted se preocupa por él y que hará todo lo posible para entender lo que le está sucediendo.
  3. Muéstrele qué orgulloso está de sus logros con elogios y afecto. Hágale notar cuando se porte bien.
  4. Establezca algunas normas claras y sea consistente.  No discuta por cosas sin importancia. Diga "no" con menos frecuencia, pero cuando lo haga, dígalo en serio.
  5. Cuando le dé a su hijo indicaciones o instrucciones, verifique que las haya entendido. Dé instrucciones breves.
  6. A algunos niños con TDAH les cuesta ordenar sus pensamientos.  Pregunte: "¿Quién? ¿Qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué?" para ayudarlo a pensar y a explicar qué es lo importante.
  7. Establezca líneas de comunicación abiertas desde que es pequeño. No tenga miedo de hablar con él sobre sus virtudes y sus necesidades, y sobre cómo lo afecta el TDAH. Debe "traerlo a la realidad" para que pueda entender qué es y qué no es el TDAH.  Con frecuencia los niños no entienden lo que está mal cuando los adultos no les dan explicaciones.

  • Ayuda académica en casa: 

  1. Establezca una rutina regular para hacer los deberes. Trate de que haga los deberes a la misma hora y en el mismo lugar todos los días. Si hace participar a su hijo en la preparación de sus horarios, es posible que muestre una mayor colaboración para hacer los deberes. 
  2. Cuando esté haciendo los deberes, programe descansos regulares cada 10 ó 15 minutos. Permítale caminar, tomar agua o comer un snack. Use un reloj para controlar la duración de los descansos y el tiempo que dedica a hacer los deberes. Con frecuencia, los niños con TDAH tienen dificultades para administrar el tiempo. Necesitan aprender a planear anticipadamente y establecer sus propios ritmos.
  3. Ofrezca recompensas por hacer los deberes. Coordine el programa con su maestro. El objetivo es reducir su control directo y que, gradualmente, vaya asumiendo la responsabilidad de hacer sus deberes. Sus posibilidades de éxito podrán aumentar si propone una recompensa o una consecuencia, y se mantiene firme con lo prometido.
  4. Dé su opinión en forma constructiva y sin emitir juicios. Puede decir, "estoy contento porque empezaste a trabajar en tu proyecto. Espero que mañana ya pueda revisar los primeros párrafos", en lugar de decir "No hiciste nada en toda la semana".
  5. Es posible que la tarea más difícil con la que deba lidiar sea organizar los deberes de su hijo. Un cuaderno o una hoja de deberes firmada por el maestro, puede evitar confusiones sobre los deberes. Si se olvida sus materiales o el cuaderno de deberes en la escuela o en la casa, entonces es lógico que haya consecuencias. Por ejemplo, tener que volver a la escuela para buscar lo que necesita.

" Aprendiendo a vivir con un niño con Déficit atencional"


 Lo primero es destacar el hecho que los padres experimentan con frecuencia enojo y frustración, porque les parece sorprendente, inaceptable, llamativo, irreal que a éstos chicos se les olvide lo obvio, como llevar a la escuela la tarea que pasaron haciendo todo el fin de semana, y más aún, ¿cómo es posible que la olviden si la puso a la par del bulto?, pero sí eso pasa, a ellos se les olvida, cometen errores por descuido o impulsividad, o por que se distrajeron con el estimulo más sencillo, frente a esto se desata el enojo, que puede llegar a tener características de descalificación, castigos desproporcionados, uso de vocabulario hiriente, entre otros. Es esto normal, no me atrevería a afirmar eso, pero sí es comprensible, por el simple hecho de que estos niños demandan mucha atención y supervisión, frente a esto los padres se agotan, llegan a perder las expectativas, así que no deben sentirse culpables, si fallan en estrategias de manejo, por que la culpa es mala consejera, lo que puede llevarlos a desarrollar límites confusos, siendo unas veces muy estrictos y otras muy permisivos o “alcahuetas”.

 Lo importante es entender que no es nada raro que se pierda el control, pero no hay que quedarse ahí, lo que se debe es aprender a manejar la situación, lo que implica analizar, en que conductas, momentos, bajo que estímulos, o en que situaciones, el chico se muestra más disperso, esto para delimitar adecuadamente el problema y establecer patrones correctivos, reales, de sencillo manejo, y resolviendo un problema a la vez, es decir, creando hábitos uno a uno, evitando dar por sentado lo que el niño debe o puede hacer.







 En segundo término es la sensación de autoculpabilización, los padres llegan a pensar “en que hemos fallado”, ¡cuidado!, el déficit de atención, es una condición propia del chico, no es la resultante de un buen o un mal trabajo de los padres, lo que sí es cierto, es que cuando el niño tiene padres que son coherentes, consistentes y constantes en cuanto a reglas, horarios, rutinas, los niños tiene mayor probabilidad de desarrollar un mejor ajuste. Así que culparse no resuelve nada, lo que se debe analizar es cómo se están manejando las cosas, si hay choques de autoridad, si se es claro, corto y preciso con ellos, si hay un común acuerdo en ambos  padres en lo que respecta a lo permitido, no permitido y negociable, todo esto para establecer áreas de cambio y ajuste. Recordemos que los padres no se deben exigir saberlo todo, para ello es importante leer, asesorarse con los docentes, buscar orientación en un profesional en psicología, hablar con otros padres en situaciones similares, en suma centrarse en las soluciones, no en los fallos eso es lo importante acá.


 Por último, es importante caer en la cuenta, que con cierta regularidad los padres están atentos a lo que no funciona en los hijos con déficit de atención, pero quizá si se detienen un momento, puedan darse cuenta que en lo que fallan es en aquello que implica orden, seguimiento de instrucciones, organización, planificación, atención, entre otras áreas, pero al lado de esto están las conductas de solidaridad, expresión de afecto, jocosidad, colaboración, entusiasmo, energía, entre un sin fin más que pueden convertirse en factores de cambio si se llegan a estimular, esto hará que los niños se sientan validados, reconocidos, e importantes, lo que podría  favorecer una mejor comunicación, mayor cercanía, como ejes fundamentales para desarrollar una mayor conciencia de lo que se debe mejorar, además los padres estarán menos tensos y desarrollarán un mejor equilibrio al darse cuenta que pueden ser capaces de aplicar consecuencias positivas y negativas, toda vez que descubren lo valioso que cada hijo tiene, y lo mucho que tiene que aportar a la vida familiar.

Desarrollo Motor desde los primeros años de vida hasta los seis años.


El desarrollo psicomotor en los primeros años de vida es fascinante. Desde que nacen,  los bebes van desarrollando su sistema motor, sus movimientos y el modo en el que manipula su entorno, a un ritmo muy rápido y continuo.

La maduración del sistema nervioso, responsable del desarrollo motor, tiene un orden preestablecido y por ello el desarrollo tiene una secuencia clara y predecible, aunque no sea exacta en cada bebé y niño, ya que depende de factores diversos.

Este es un resumen de las capacidades motoras que los bebés y niños tienen hasta los seis años de edad, una guía de lo que deberían ser capaces de hacer, aunque puede hacer diferencias en cuanto al ritmo del desarrollo.


COMPORTAMIENTO MOTOR:


De los 0 a los 4 meses:

  • Levanta la cabeza.
  • Mantiene las manos predominantemente abiertas.
  • Sostiene un objeto con los dedos y la palma de la mano.

D
e los 4 a los 8 meses:

  • Mantiene levantada la cabeza y el pecho
  • Coge los objetos.
  • Rueda sobre el estómago y queda en posición supina.
  • Sentado con apoyo gira la cabeza a ambos lados.
  • Se lleva un objeto a la boca.
  • Junta las manos en las líneas media.
  • Coge un caramelo con varios dedos.


De los 8 a los 12 meses:
  • Se sienta sin ayuda.
  • Se pone de pie apoyándose en cosas o personas.
  • Gatea, se arrastra y se desliza.
  • Pasa los objetos de una mano a otra.
  • Da un juguete.
  • Se pone boca abajo estando boca arriba.
  • Suelta un objeto deliberadamente para coger otro.

De los 12 a los 18 meses:


  • Permanece de pie sin ayuda.
  • Camina con ayuda.
  • Sube una escalera gateando o con ayuda.
  • Domina la conducta o el agarre de pinza.
  • Comienza a comer por sí solo.
  • Construye una torre con tres cubos.
  • Se sienta en una silla pequeña.

De los 18 a los 24 meses:


  • Camina sin apoyo.
  • Corre.
  • Se levanta sin apoyo.
  • Tira y patea una pelota.
  • Sube y baja escaleras con ayuda colocando ambos pies en cada escalón.
  • Imita movimientos circulares.
  • Se pone en cuclillas y vuelve a ponerse de pie.


De los dos a los tres años:

  • Camina, corre y sube escaleras.
  • Puede pedalear en un triciclo.
  • Anda dos a tres pasos siguiendo una linea.
  • Se mantiene sobre un pie.
  • Tira la pelota hacia adelante.
  • Abre la puerta.
  • Camina hacia atrás.
  • Desenvuelve un objeto.

De los tres a los cuatro años:


  • Da una voltereta.
  • Imita posturas con los brazos.
  • Baja las escaleras alternando los pies.
  • Pasa la página de un libro.
  • Sujeta el papel mientras dibuja.
  • Dobla una hoja de papel por la mitad.
  • Corta con tijeras.
  • Dobla dos veces un papel.
  • Copia una línea vertical y un círculo.
  • Arma un rompecabezas de tres piezas o un tablero de figuras.
  • Camina de puntillas.
  • Sube a un tobogán y se desliza.
  • Traza con plantillas y sigue los contornos.

De los cuatro a los seis años:


  • Salta sobre un pie.
  • Se mantiene sobre un pie alternativamente con los ojos cerrados.
  • Salta hacia adelante con los pies juntos.
  • Se inclina y toca el suelo con las manos.
  • Abre un candado con llave.
  • Hace una pelota arrugando un papel.
  • Hace un nudo.
  • Copia una cruz, un triángulo, un cuadrado y un rombo.
  • Corta con tijeras siguiendo una línea.
  • Dibuja una persona con seis partes.
  • Copia palabras sencillas, con letras mayúscula y minúscula.
  • Copia los números y fechas.
  • Cambia de dirección al correr.
  • Camina en una tabla manteniendo el equilibrio.
  • Salta hacia atrás.

Llegados a los seis años, los niños son más autónomos e independientes, conocen mejor su cuerpo, sus posibilidades y sus limitaciones, sus movimientos adquieren seguridad. Lo fundamental para todos los aspectos es que tengan un entorno que les acompañe y ayude a este desarrollo.